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domingo, 20 de diciembre de 2009

de comida en Yayo Daporta (Cambados) Parte 1: todo menos el menú.


Cuatro miembros de El Tenedor hemos ido de comida al Restaurante Yayo Daporta de Cambados (Pontevedra), situado en la Rúa Hospital (ver mapa) de esta preciosa localidad de las Rías Baixas, y que ha sido reconocido con una estrella michelín.
Se trata de un pequeño restaurante regentado por un joven cocinero que da nombre al mismo. Está situado en un viejo caserón, antiguo hospital, en un entorno muy bello.
Como resumen previo de la comida, decir que salimos muy satisfechos después de disfrutar de unas horas de sentir sabores, texturas, olores y sensaciones increíbles; con muy pocos “peros” que ponerle. La relación calidad/precio del local es buenísima tanto en el menú, como en el precio de los vinos (se trata de uno de los restaurantes con estrella michelín mas baratos del mundo, el más barato de Galicia sin duda)
Reservamos la comida previamente vía telefónica. Con un trato agradable, ante nuestras preguntas nos informaron a grosso modo del sistema de menú que tenían y que también podrían hacer pequeñas variaciones en algún plato si había problemas con la alergia a ciertos mariscos de uno de los comensales.
Llegamos al restaurante sobre las 14:15 y tras asignarnos la mesa nos presentaron la carta, la cual se compone de dos menús degustación cada uno compuesto de tres entrantes, dos platos principales (uno de pescado y otro de carne) y postre; y otro menú a la carta a elegir dos primeros, dos segundos y postre; aunque a todo esto hay que añadir aperitivos y demás que incluyen en este tipo de restaurante. El precio de los menús: 43 € a la carta; y los otros el denominado menú degustación 43 €, y el menú estrella 55 €. Decir que estos menús incluyen todo (también agua y café), solo pagamos a mayores el vino.
Después de una pequeña discusión entre nosotros para elegir, nos decidimos por el menú estrella, aunque después nos dijeron que tenían que modificar el plato de carne; era originalmente pichón, y nos ofrecieron rabo de buey como alternativa. Lo que no nos gustó es que el plato de pescado era mero, y cuando nos lo sirvieron nos pusieron dorada (con la misma elaboración, eso si), pero el hecho de no advertirnos del cambio nos disgustó.
Al finalizar la comida, Yayo Daporta salió de la cocina a saludar un par de veces. Es joven y se le nota muy tímido, quizás un poco obligado a esta costumbre, pero educado y agradable de todas formas.
La comida se alargó hasta mas tarde de las 17:30, un poco excesivo, pero mereció la pena.
EL LOCAL
El restaurante es pequeño, de apenas seis mesas. Ocupa solo una esquina de la primera planta del caserón, antiguo hospital. Se accede por unas escaleras exteriores de piedra, el edificio y su entorno es muy bonito. Desconozco si tiene algún acceso especial para personas con movilidad reducida, pues no lo vi.
Al entrar hay un pequeño recibidor y a continuación el comedor con solo seis mesas. La decoración discreta y correcta. Los servicios minúsculos pero suficientes. Ningún cartel ni insignia dice que estamos en un restaurante con una estrella michelín.
De destacar la bodega. En una esquina del comedor un pequeño habitáculo con paredes y puerta de cristal es usado como bodega. El restaurante no tiene carta de vinos; el cliente puede ir a la bodega y elegir el vino. Cada botella tiene colgado un cartel con sus características y precio. Buenos precios, inferiores a los de restaurantes similares. Selección y amplitud correcta y suficiente, aunque nada especialmente destacable. Aunque los vinos blancos y tintos compartan bodega (con temperatura mas proclive al tinto que al blanco), el albariño Rias Baixas que pedimos lo tenían más frío en el almacén, por lo que las temperaturas de los vinos servidos fueron correctas.
EL SERVICIO
No tenemos ninguna queja de la camarera que nos atendió. El problema es que solo había una camarera para todo el local. El trato fue muy correcto, nada agobiante (en algunos locales de este tipo son demasiado serviciales). Pero al atender ella sola todas las mesas, en alguna ocasión el servicio fue un poco lento (no se si por culpa de este hecho o de la cocina). Son demasiados platos, cambios de cubiertos, explicaciones... Decir que la comida duró mas de tres horas. En nuestro caso, al ir a disfrutar relajadamente no nos molestó en exceso.
EL VINO
Como comentamos anteriormente, elegimos el vino en la bodega, a la que entramos dos de nosotros. No nos quisimos arriesgar en la elección y fuimos a elegir caldos de sabor suave que maridan bien con todo tipo de comidas. Eso si, probamos marcas nuevas de las que teníamos buenas referencias.
Para los entrantes, ya que estábamos en Cambados, optamos por un albariño D.O. Rías Baixas; concretamente un “Paco y Lola”, marca que destaca por su innovación en cuanto a imagen y diseño. El vino no defraudó, un albariño correcto.
Para los platos principales optamos por un D.O. Ribeira Sacra (mencía, garnacha y otras), un Lalama de 2005 de la bodega Dominio de Bebei, envejecido seis meses en barrica y dieciocho en botella. Hacía tiempo que queríamos probar este vino, nos recomendaron especialmente el de 2002. La verdad es que fue una elección acertadísima. Un vino elegante y complejo, aromático, fruta silvestre, café, canela... Una explosión en boca muy grata con toques minerales, sensaciones de fruta roja y negra, buen cuerpo dotado de una acidez muy atrevida, rápida. Excelente... Gana con oxigenación, habrá que probarlo con decantación. Ni que decir tiene que nos encantó. Un vino con una calidad/precio increíble.





No te pierdas la parte 2 de este post.

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