
En lo que respecta a todo lo que hay alrededor de la comida: atención, entorno, ambiente, la verdad es que no se puede poner ninguna tacha en nuestra visita. Al llegar te hacen pasar a la bodega a través de un ascensor de vidrio. La bodega es de un diseño moderno con todas las botellas a la vista protegidas por vidrios, donde el visitante se coloca en el medio de todas ellas, en esa estancia tenemos unas mesas donde tomar el aperitivo y un terminal de ordenador donde consultar todas las referencias vinícolas de la bodega.
Una vez tomado el aperitivo subimos al comedor, una estancia agradable, bien decorada, con una cristalera al jardín de entrada. El servicio fue muy correcto y destacar la elección del vino a través de una "tablet" conectada por wifi con la base de datos que ya habíamos consultado en la bodega.
Al finalizar la comida pasamos a otra estancia posterior totalmente forrada en madera de diversas tonalidades cálidas; en esta estancia han creado varios ambientes de sobremesa con sillones, sofás, sillas, reunidas entorno a diversas mesas para disfrutar de una sobremesa tranquila y placentera. Una extensa carta de cafés, tés, infusiones, licores, aguardientes, whiskies, vodkas, ginebras,...., asi como de puros, invita al cliente a relajarse después de la comida y dedicar el tiempo que precise a la tertulia y la degustación reposada del obligado "digestivo" final.
ACTUALIZACIÓN.- lamentablente con la Ley Antitabaco esta última sala descrita debió perder parte de su encanto.




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