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sábado, 10 de julio de 2010

de comida en O Retiro da Costiña (Santa Comba) Parte 2: el menú

Una pequeña decepción es la frase que resumen la última visita de cuatro miembros de El Tenedor Crítico a un restaurante con estrella michelín.

El lugar elegido fue el restaurante O Retiro da Costiña, en Santa Comba (A Coruña). Un restaurante con una estrella michelín del que teníamos buenas referencias. Dejando al lado el local y la atención recibida (que comentamos en otro post), paso a comentar el menú el cual, como comentábamos nos decepcionó un poco.

Cuando hablo de decepción me refiero a que en un lugar con ese nivel de reconocimiento, y de precio equivalente a su fama por lo tanto, es de esperar una cocina con algo más que un buen ingrediente. Aquí reconocemos que los ingredientes eran de primera, pero falló el acompañamiento. Fue una comida con altibajos, todo aceptable para cualquier restaurante de menor categoría, pero hubo cosas que no nos gustaron nada.

Empezamos tomando en la bodega el popular aperitivo de este local: las anchoas de Palamós, bajas en sal con aceite templado. Son deliciosas, muy suaves, con el toque perfecto de sal y un aperitivo ideal. Acompañamos el aperitivo con una botella de Viña Mein de 2008 D.O.Ribeiro, un clásico para no desentonar, con el que continuamos en los primeros platos.

Ya en el comedor, pedimos el menú degustación, que constaba de cinco platos: uno de verduras, otro de marisco, dos de pescado y uno de huevos.

Antes de empezar a describir la comida, comentar que la descripción de casi todos los platos terminaba con las palabras "con eneldo y sal maldon". Llegamos a cansarnos un poco del eneldo, hasta el punto que al gin tonic que tomamos después le añadieron aroma de eneldo.

Para empezar nos sirvieron una vieira braseada con sal maldon y fondo de avellana. Nos la sirvieron en un cuenco en forma de vieira sobre otro plato, un poco incómodo por el ruido que hacía al moverse. La vieira estaba perfecta, grande, fresca y el toque del braseado era riquísimo (ya he comentado que las materias primas eran muy buenas). Al servirnos la camarera recomendó tomar con cuchara el plato para acompañarlo de la salsa de avellana, ya que no usaban mantequilla para que las salsas sean ligeras. Error, la salsa era muy, muy aceitosa, pastosa, de sabor a aceite y no a avellana, matando el sabor de todo lo demás. Si no llega ser por la recomendación hubiera sido un plato exquisito.

A continuación nos pusieron Panaché de verduras con reducción de las mismas verduras con trufa y lascas de ibérico. Este plato nos pareció un insulto, lo peor de la comida sin duda. Las verduras eran variadas, mas o menos buenas, simplemente hervidas (zanahoria, coliflor, coles...) con un fondo de salsa de las propias verduras, hasta ahí un poco simple e insípido. El toque de trufa fue tan ligero que brilló por su ausencia; imagino que se les olvidó porque un amante de la trufa como el que escribe estas líneas lo hubiera notado. ¿Y las lascas de ibérico? ¿Llaman lascas a dos lonchas gordas? ¿Llaman ibérico a un jamón poco curado, “chicloso”, muy salado y con una grasa insípida? Señores, por mi profesión conozco muy bien el jamón y un restaurante de calidad no es merecedor de tal jamón.

Después del peor plato de la comida, por lo menos llegó el mejor: bonito poco hecho con sal maldon, con pimientos y ajo. El bonito estaba en un punto exquisito, repito que las materias primas fueron de primera, el acompañamiento perfecto. Nos encantó a los cuatro comensales.

A continuación pasamos al rape con crema de patata con ajada de pimentón con eneldo y sal maldon. Como fue tónica habitual en la cena, el rape estaba muy rico, la crema de patata correcta y acompañaba muy bien, pero la ajada hizo desmerecer un poco el buen pescado, nos volvieron a poner cuchara para que acompañáramos el rape con una buena cantidad de ajada, con lo cual resultaba excesivamente aceitoso.

Por último plato nos sirvieron huevo escalfado con tomate raf, patatas panaderas y tocino ibérico. Este plato estaba muy bueno, un plato casero. Comentamos entre nosotros que sería un buen colofón si lo anterior hubiera estado a la altura de las expectativas. El huevo venía en una gran cazuela de barro, sirviéndonos en la mesa. Lo que nos pareció mal, es la escasa ración que pone habiendo traído una gran cazuela donde sobró la mitad de las patatas y tomate.

Por último el postre: dos texturas de chocolate con sirope y crujiente de frambuesa. delicioso, decir también que con el café nos pusieron unos bombones impresionantes de sabor).


Todo ésto, menú de cuatro personas, pan, vino, junto a dos cafés, un té y tres gin tonic nos salió por un total de 350 euros. Precio razonable para un restaurante con estrella michelín, aunque nos pareció excesivo para la calidad que nos sirvieron.


No te pierdas la otra parte del post: todo menos el menú.

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